Cuando conocí a Matsuri, era igual a como lo es ahora, era una niña más bien desordenada y llevada sus ideas. Muchas veces y en más de una ocasión estuvo en detención dando cuentas de comportamiento o de lo que había pasado. Jamás la expulsaron, debido a que era la hija del rector del establecimiento y tenia un promedio excelente, era lejos la mejor alumna del salón de clases, aun no me explico como obtenía tan buenas calcificaciones si, según ella, no estudiaba en .lo mas mínimo y ni tomaba ni cuaderno, rara vez la veía toma a puntes de la materia y generalmente la observaba conversando con el que tuviera al lado; jamás la hallaron copiando y yo nunca la vi hacerlo, pero nunca conseguí explicarme sus buenas calificaciones que no tenían nada que ver con su comportamiento alocado y su pésimo informe de personalidad.
Una vez me comento, que la suspendieron una semana por entrar al baño de hombres e iniciar una guerra de agua por todo el patio del establecimiento educacional. En otra ocasión me dijo, que había ido a la oficina de la ex directora a ponerle salsa de tomate en su silla, ella se sentó y todos pensaron que era otra cosa, cuando se dio cuenta de que tal fechoría venia de parte de Matsuri, la suspendió por un mes entero.
Los profesores, no se quejaron jamás de su comportamiento, ni la regañaron nunca, por que era de esas alumnas que están en constante participación durante la clase. Por otro lado, pareciera que les gustase la estadía de Matsuri en el salón se les notaba más alegres y hacían la clase con más agrado.
Cuando no asistía a clases, porque la suspendían o se lesionaba, debido a los ejercicios de ser porrista se notaba su ausencia, no había quien hiciera reír a los profesores y al curso en si. Tampoco quien con sus locuras alegrara los recreos diciendo palabras tontas o haciendo imitaciones de los profesores que nos caían mal
Un día común y corriente Lugo de un divertida clase de educación física, se dirigía al salón con una botella de agua y unos cubos de hielo, por que se había lesionado, pero se le ocurrió la brillante idea de ponérselo a mi hermano en las espalda y lanzarle unas gotas de agua, no le molesto, por que a él le gustaba más de un poco, pero no lo demostraba, lo disimulaba demasiado bien, mi hermano era al igual que Matsuri era desordenado, pero mucho menos, aun así le siguió el juego y así comenzó lo hoy en día en el colegio se conoce como “Revolución H2O”, no existe generación en el establecimiento que no conozca esta historia y la leyenda de “La loca Matsuri”, ella se convirtió en un ejemplo para los desordenados de otros cursos, muchos de los cuales copiaban sus bramas y travesuras.
Matsuri, era de una estatura mediana y cabellos lagos de un color castaño claro, tenía ojos negros intensos y un tanto rasgados, debido a su descendencia japonesa, era bonita ante cualquier ojo, yo la envidiaba, debo admitir, pero me caía demasiado bien como para hacerle algo malo. Tenía además de cualidades psicológicas y un lindo rostro un cuerpo totalmente envidiado por todas las muchachas de la escuela. Sin embargo, poseía un carácter fuerte y decidido, una vez la inspectora llego al salón a buscarla, ella no estaba, puesto que era la primera de clases y solía llegar tarde, para la suerte de la inspectora, Matsuri llego a la sala, con su habitual calma, cuando ella aun se encontraba ahí. Al verla le mencionó que quería hablar con ella y Matsuri le respondió en un tono bastante cortante y agresivo, con una mirada defina:
-¡Voy a su oficina luego de que deje mis cosas, así que espéreme allá!
La inspectora acato y se fue a su respectiva oficina, Matsuri arreglo sus cosas y partió hacia allá. En la oficina la inspectora le comento que habían encontrado papelillos de droga en el baño del establecimiento y le pregunto:
- ¿Fuiste tu, Matsuri?
- no, no fui yo –le respondió con total sinceridad en tono totalmente seguro.
Yo podía dar fe de que ella era desordenada y que en más de alguna ocasión había tomado un par de copas de cerveza, pero más allá de eso, no, era imposible.
Sin más la inspectora la culpo del hecho, pero matsuri le refuto diciendo:
- ¡Yo soy inocente! ¡Lo juro! ¡Y lo seguiré siendo hasta que no se demuestre lo contrario!
- ¡No Matsuri, yo se que fuiste tú! –le dijo
- ¿Cuántas veces quiere que le diga que yo no lo hice?- le seguía refutando Matsuri, que por si era inocente de todo que le asignaba.
-¡Matsuri, ya deja mentir! –continuaba diciéndole la inspectora
-¡No le estoy mintiendo! ¿Alguna vez no me he hecho responsable de lo que hecho? ¡Generalmente asumo cuando hago algo que no debo!
-¡No me vengas con escusas baratas! ¡Quiero tu libreta de comunicaciones ahora mismo!
- Pero… pero ¿Por qué?-le pregunto Matsuri
- Estas suspendida jovencita
Matsuri no dijo una palabra más y obedeció a la inspectora. Matsuri era totalmente inocente, pero aun así la suspendieron igual. Tiempo después se comprobó que ella no era la culpable, cuando se encontró al responsable, quien fue castigado ejemplarmente por las autoridades del colegio, la inspectora le pidió disculpas a Matsuri, quien las acepto quedando en total libertad de los cargos.
Matsuri era lejos mi mejor amiga, a pesar de que sentí celos de ella muchas veces, iba habitualmente a mi casa y yo a la de ella, pero no noté que entre ella y mi querido y adorado hermano gemelo nacía un hermoso amor.
Un día como cualquiera mi hermano se le acerco, hablaron por largo rato y terminaron la tarde tomados de la mano, lo que marcaba el inicio de una relación entre ellos dos, mi hermano y mi mejor amiga, Matsuri, eran ahora novios.
Pasaron dos años y la relación de ellos se hacia cada día más hermosa, hasta que más o menos a fines de noviembre Matsuri le hizo una broma, a mi juicio, bastante pesada a la directora del establecimiento, ya ni me acuerdo lo que e hizo, pero provoco su expulsión del colegio, debido a que hasta el momento se encontraba condicional, pero a esas alturas del año no valía la pena así que le permitieron terminar el año estudiando ahí.
Matsuri no le comento esto a nadie y a fin de año cundo le comunico al curso que se iba del establecimiento, lo recuerdo bien, utilizo las siguientes palabras.
- Chicos yo los quiero mucho y no me quiero ir, pero… no puedo continuar mis estudios aquí, han pasado muchas cosas y… la verdad es que me expulsaron, no me voy porque quiera irme, pero les prometo que… los vendré a ver.
En fin, ella cumplió su promesa, nos visitaba a menudo, pero tiempo después en una tarde de verano, Matsuri salio con mi hermano y mientras caminaban por la plaza lentamente, le dijo:
- Benjamín, debo decirte algo importante…
-¿Qué pasa?-le pregunto mi hermano
-Benja… para mi no es fácil decirlo pero… debo hacerlo. Bueno desde que te conocí me di cuenta de que te amaba, desde lo más profundo de mi ser, te quería demasiado y que no podía apartarme de tu lado… pero…-antes de concluir la frase le comenzaron a caer lagrimas de los ojos y continuo diciendo: pero…yo no soy la que decide en donde debe estar…
-¿A que te refieres?- continúo preguntando Benjamín, mi hermano
-Es que… es que-seguía diciendo entre sollozos- me voy…
-¿Te cambias de colegio nuevamente?-preguntó aturdido mi hermano.
-No, tonto –dijo esta vez llorando a mares- ¡me voy del país!
-¡¿Que?!-dijo perplejo Benjamín
- Eso que… me voy del país
-Y… ¿A dónde?
-A… a… Japón, al otro extremo del mundo, ya no te veré más…
- Matsuri… pero ¿no te dieron la opción de quedarte? –continuaba peguntando Benjamín
-No, no lo hicieron. Quieren volver a Japón para recuperar viejas costumbres… -le contestaba Matsuri, ahora ya más tranquila…
- Y ¿Cuánto tiempo estarás allá?
- No lo sé, dicen que es relativo…
-Matsuri, no te vallas ¿Quédate conmigo?
-Benjamín, yo… créeme que lo que mas quisiera es quedarme contigo pero…. No puedo hacerlo-le decía Matsuri- debo irme con mis padres…
-Bueno… te entiendo pero… ¿Puedes prometerme algo?- le pregunto a Matsuri
-¿Qué, que quieres que te prometa?
-¿Prométeme que pase lo que pase allá en Japón, no dejarás de amarme?
- Te prometo, que no dejaré de amarte, pero… Benjamín ¿Tu crees que un amor a distancia resultará?
-La verdad… no lo sé ¿Qué es lo que quieres hacer tu?
- Yo… yo no es que no te quiera pero si me voy a ir prefiero que mientras no este a tu lado, le pongamos pausa a esta relación…-le dijo Matsuri afligida.
-¿Lo que intentas decir es que quieres terminar y volver a empezar cuando regreses?
- Algo así…
- Bien… dejémoslo como que somos amigos, hasta que regreses de Japón
-Gracias por comprenderme, Benjamín – dijo esto y abrazó a mi hermano
Luego ambos caminaron como de costumbre hasta que llegaron a la esquina que dividía sus caminos a casa, siguieron caminando con la mirada baja, lento y muy destrozados en el interior de sus mentes, se podría decir que ellos continuaron su camino llorando, pero ninguno quiso asumir que lloro ese día. Esa fue la única vez que escuche que alguien vio llorar a Matsuri, debió haberle dolido mucho tener que dejar a mi hermano acá en Chile, para poder volver a país natal. Japón.
No se lo que paso en Japón, pero luego de un par de años Matsuri volvió a Chile, físicamente no era la misma persona, era más alta y delgada, pero psicológicamente seguía siendo la misma niña que algún día fue mi compañera, esa que encantaba con su sonrisa a cualquiera que la mirara, esa muchacha que en otra palabras le daba razón al significado de su nombre “Matsuri” que allá en Japón significa “Festival”, pero Matsuri no era cualquier festival, era el festival que enamoro con sus encantos a mi hermano y que hoy le alegra los días con esa sonrisa, que al igual que el sol, jamás se extinguirá…